AMORES LOCOS Y LOCURAS SOBRE EL AMOR

Aproximación a la cuestión de amores locos

Hay algo que en la práctica analítica es recurrente, y son las historias de amor. En sí, el psicoanálisis ha dado un lugar privilegiado al amor en la clínica por introducir el deseo a la lógica de la cura. A efecto de esto, crear este nuevo amor llamado transferencia que sostiene las experiencias analíticas, una a una, y que enseñan… si se permite aprender de ello. A esto, los amores (de transferencia o no) locos o no, no se hacen esperar para hacerse escuchar, y hay que decirlo: ¡Cuanto hablan los (des)enamorados así como los locos!

 Retomando la primera idea, ¿Qué es esto de amores locos? ¿Cómo tomar el paradigma del amor –así como el de la locura- en el momento actual de la enseñanza? Precisamente: ¿Cómo aproximarnos en la cuestión de lo loco en el amor? 

 ¿Cómo capturar algo de los amores locos en lo actual? ¿algo nos puede decir, enseñar, siquiera ilustrar? Puede ser hablar sobre el amor constituir persé una locura, en tanto, ello, cuando aparece, el sujeto no se reconoce, ni reconoce el alcance no lógico de la experiencia. Y no obstante, lo tiene.

 El amor y lo peor

Si partimos de la última conversación rumbo al ENAPOL, Ronald Portillo pudo ayudarnos a ubicar el amor del orden del reencuentro (repetición), y este amor de otro orden, más cerca de lo Real, del lado de la invención y en una lógica femenina. De esta precisión, nos ayuda a extraer algo de lo que, en este litoral, quizá, vira a lo peor en la singularidad de algunos casos documentados desde diferentes obras que van de la literatura, el cine, la música; nuestra práctica del día a día.

Puede ser que un modo posible de acercarnos a este paradigma de amores locos pueda ser en su dimensión de O peor… ¿Es posible que pudiéramos ubicar los amores locos en un virar del idilio hacia lo peor?

Amores locos, consecuencias diversas

Algunos podrán recordar a la mítica Amy Winehouse, muy nombrada en el campo freudiano. El gran éxito de su carrera músical contrasta con la caída estrepitosa vía el tóxico y el desamor que llevó a su muerte el 23 de julio de 2011. Presunta ingesta excesiva de alcohol que detuvo su respiración. Otro artista de jazz que se queda sin respiro por su exceso.

Lo importante de destacar a través de la vida y obra de Amy, a modo reducido, es cierta equivalencia en su relación con el tóxico y el amor.

 "Una agresión animal es mi caída, no me importa lo que tu tengas, lo quiero todo porque esta todo construido en mi cabeza y metido debajo de mi cama, y yo me pregunto nuevamente, de que se trata el hombre? Ahora mi lado destructivo ha crecido una milla…" (Amy Winehouse, “What is it about man”) 

Es de esta manera que se podría ubicar la coordenada de goce de Amy en relación a la constitución partenaire-droga que engloba la función del amor, la intoxicación y la muerte en un mismo nivel, en tanto que para el psicotico es posible una relación amorosa que lo suprima como sujeto por admitir una heterogeneidad radical en el Otro, finalmente siendo nombrado por Lacan: como un amor muerto. Y al estilo de la reversibilidad Unheimlich/Heimlich apuntada por Freud, aquello que se instaura a modo de arreglo, devela su cara mortífera sobre la cantante por exigir cada vez más una nota más allá de sí. 

"Me enamore de alguien por quien daría mi vida… y eso es como una droga real, ¿no?"

 Hay otros amores locos documentados, literarios como el de Romeo y Julieta, se haya leído o aproximado en primeras instacias a partir del cine. El momento álgido del desencuentro llevado al pasaje al acto. Con un componente fundamentalmente trágico y que resuena en la práctica del día a día en versiones similares. 

Un paso en la periferia del asunto, los amores que llevan a lo peor dentro del espectro de la violencia de género, mencionada por Bassols como casi una epidemia, y refiriendo la frase tan sonada, a su vez, paradojal en la lengua española, como lo es: la mate porque era mía. Explicando sobre la frecuente consecuencia cuando el sujeto mismo del acto se da muerte, redoblando el rechazo de saber la causa de su primer acto. Podríamos decir: un extremo rechazo del inconsciente. 

Locuras sobre el amor

En la época del empuje al goce y ya no de la prohibición, encontramos la época del match a través de aplicaciones diversas que prometen un partenaire “match” cercano a través del algoritmo. 

La nueva oferta a la relación sexual que no existe a la vuelta de la esquina.

En el mismo orden, la reducción a través de estudios científicos que afirman la concepción del amor como absolutamente sináptica, es decir, lo que se llama amor es una fórmula de diversas sustancias segregadas por un órgano en otro órgano. En ese sentido, formulando que la duración del amor comprendería un tiempo entre 3 y 5 años. Retomando las palabras de L. Salamone: delirante.

En esta misma vía, haciendo una equivalencia entre lo ocurrido neuronalmente con el amor y las adicciones. Amy ya nos lo decía también. 

La toxicidad del amor

¿Qué condición de goce lleva del amor a lo peor? Es la perdida, nostalgia, el éxtasis supuesto; ¿del objeto perdido que nunca existió? Desde la lógica objetal, la partición del objeto que se escurre por la imposibilidad de uno que colme las corrientes pulsionales, tal y como lo menciona Freud en “contribuciones sobre el amor”. 

Amar es esencialmente querer ser amado, decía Lacan, y el objeto de amor que se ama, se escurre. Ante su caída, ante su extravío, podríamos estar frente a la caída del jaez que hace suplencia al agujero y lo real propiamente. Solo queda lo insoportable. 

En la lógica del uno. ¿El valor adictivo añadido que hace existir un goce que no existe en donde no lo hay? 

Para concluir, a todas estas, hay un gran ausente en el presente trabajo. Y este es el deseo. Impasse de este escrito que hace pensar si ello mismo es una respuesta, constituyendo una nueva interrogante: ¿Es el amor loco un amor en ausencia del deseo? ¿Es el rechazo de la discontinuidad y el vacío introducida por el deseo lo que lleva a los sujetos de las cosquillas a la parrilla?

Queda por pensarse…

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